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GUÍA DE ASTRA

Monetiza tu conocimiento

Crear · Crecer · Monetizar

Hay algo que sabes hacer y por lo que otra persona estaría dispuesta a pagar. El mundo funciona de esa manera y no dejará de hacerlo.

"Oye Moisés… ¿Le puedes echar un ojo? Tú que sabes de esto".

Quizá te lo dicen cuando necesitan preparar una entrevista en inglés, ordenar las cuentas de un negocio o entender por qué sus fotografías salen oscuras. Miras el problema, haces dos preguntas y ves una solución que la otra persona llevaba días buscando.

Como a ti te resulta familiar, piensas que tampoco tiene tanto valor. Pero ella no lleva tus años de práctica, ni tanto años de experiencia entre victorias y derrotas.

Ahora bien, una newsletter te permite reunir a personas interesadas en ese tema, demostrar tu criterio y ofrecerles ayuda. Para conseguirlo, necesitas concretar qué vendes y por qué alguien lo querría.

Vamos por partes.

En esta guía

  1. Encuentra algo por lo que ya te piden ayuda

  2. Elige cómo vas a ofrecerlo

  3. Comprueba el interés antes de crear el producto

  4. Patrocinios, afiliación y suscripciones de pago

Encuentra algo por lo que ya te piden ayuda

Piensa en las conversaciones que se repiten. ¿Qué te preguntan tus compañeros? ¿Dónde suelen atascarse tus clientes? ¿Qué haces con facilidad porque llevas tiempo practicándolo?

Voy a usar un ejemplo inventado para que puedas verlo.

Clara es diseñadora y organiza bien el inicio de sus proyectos. Sabe cómo pedir los textos, las fotografías y las aprobaciones sin pasarse semanas detrás del cliente.

Sus compañeros le preguntan cómo lo hace y cómo es posible que facture tanto. Pues, ahí Clara ya tiene una pista.

Podría anunciar un curso de "productividad para freelancers", aunque eso deja bastante a la imaginación. Se entiende mejor si ofrece ayuda para preparar el inicio de un proyecto: qué pedir, a quién y en qué momento.

Ahora busca lo mismo en lo tuyo.

Elige cómo vas a ofrecerlo

En este caso, Clara podría empezar revisando el proceso de un diseñador y ayudándolo a organizar su siguiente proyecto. Y una asesoría le permite conocer las dificultades del cliente mientras trabaja con él.

También podría reunir a varios diseñadores en un taller y salir de allí con su lista de materiales y su correo de bienvenida preparados. Esto funciona perfectamente si comparten un problema y pueden avanzar juntos.

Quizá más adelante prepare una plantilla con instrucciones claras junto a un paso a paso. Para entonces sabrá qué necesita explicar y dónde se equivoca la gente al utilizarla.

Ahora bien, el formato depende de la ayuda. Un fotógrafo puede enseñar a iluminar productos con el equipo que su alumno ya tiene.

Un profesor de guitarra puede corregir la postura mientras escucha tocar. En esos casos, el acompañamiento aporta algo que un archivo descargable necesariamente no ofrece.

Es importante que empieces por lo que puedas entregar bien. Y atento a la parálisis por análisis, porque no necesitas grabar cuarenta lecciones para hacer una primera propuesta.

Comprueba el interés antes de crear el producto

Aquí suele aparecer la tentación de encerrarte día y noche a preparar todo. Ya elegiste el nombre, abriste una presentación y estás pensando en la portada.

Pero todavía falta lo más importante, que es saber si alguien lo quiere.

Clara podría preguntar en su newsletter: "¿Qué te falta casi siempre cuando vas a empezar un proyecto?". En este caso las respuestas le ayudarían a conocer situaciones concretas, en lugar de trabajar con lo que supone que ocurre.

(Recordenmos que un suscriptor cuando entra a una newsletter ya ha entendido perfectamente qué recibirá dentro y qué cambios puede conseguir.)

Después puede explicar la ayuda que está preparando y si varios lectores le piden detalles, merece la pena seguir conversando.

Cuando presente la oferta, tiene que explicar qué incluye, cuánto cuesta, cuándo se entrega y qué se espera del participante. Si es una primera edición o un piloto, conviene decirlo y dejar claras las condiciones antes de cobrar.

Esa conversación puede ahorrarte semanas creando algo que nadie necesitaba de esa manera.

Patrocinios, afiliación y suscripciones de pago

Vender tu ayuda es una posibilidad.

Sin embaego, también puedes obtener ingresos con la propia publicación, aunque cada opción exige un trabajo distinto.

Patrocinios

Una marca paga por aparecer ante tus lectores. Tiene sentido cuando puedes explicar quién te lee y por qué esa audiencia le interesa. Una publicación pequeña y especializada puede resultar relevante, pero tendrás que demostrarlo con datos reales y encontrar al anunciante adecuado. Identifica la colaboración y no prometas ventas que no controlas.

Afiliación

Aquí recomiendas un producto y recibes una comisión si se cumple lo que establece su programa. Lo importante es que en este segmneto lo que ofreces pueda encajar con herramientas o recursos útiles para tus lectores.

Suscripción de pago

El lector paga por recibir algo de forma continuada: análisis, recursos actualizados o acompañamiento, también pueden ser prodcutos físicos. Aquí debes pensar más allá del primer mes. ¿Qué seguirá recibiendo y por qué querrá quedarse?

Si tu solución se entrega una sola vez, quizá encaje mejor como producto independiente.

Puedes combinar opciones. Pero para empezar, elige una que puedas sostener y observa cómo responden tus lectores.

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